Hay algo que me inquieta, que se agudiza más y más según pasan los días, según pasan los años. No me va a dar tiempo, lo sé, siempre me voy a quedar en el sempiterno quiero y no puedo...
Minerva (detalle) - Sandro Botticelli
Quisiera ser mujer....
de arrebatadora inteligencia,
pero en los suburbios de la ignorancia
sobrevivo en la indigencia.
Hoy a las 15:00 horas, cojo ¡por fin!, vacaciones.
La Abajo firmante:
Cambia zapatos y medias
por albarcas y “deales”,
el traje el bolso y la etiqueta
por manteos y morrales.
Cambia su reloj Cartier
por el de los rayos solares,
las comidas puntuales
por el albedrío del hambre.
Cambia aceras grises
cuadriculado laberinto,
por caminos imposibles
donde triunfa el instinto.
Cambia el pertinaz ruido
por silencios rotos de mirlo,
el aire con olor a gasolina
por el que la sierra trasmina.
Cambia siete horas de sueño
por noches de adrede desvelo,
tempestades oscuras sin dueño
por la lluvia de San Lorenzo.
Cambia su peces de colores
por esos pardos y anodinos,
y por los de río montaraces
los baños con agua de grifo.
Cambia la compañía virtual
por el roce con los amigos,
foros, blogs, twets, chatear
por los “vélai” de los vecinos.
Cambia ratón por Ve-gato
y por horizontes el despacho,
el tiempo medido a plazos
por el derrochado al contado.
La abajo firmante:
se va de vacaciones
por tiempo indefinido,
y si veis que no vuelve
preguntarle al olvido.
Mañana, treinta de julio de 2011, mi abuelo (mi querido abuelo), hubiera cumplido cien años, un siglo.
Relacionando esto con el libro magistral de Gabriel García Márquez, he escrito esta coplilla, en su memoria, en su recuerdo, aún vivo y latente.
CIEN AÑOS DE SOLEDAD
No te llamabas Aureliano
ni te apellidabas Buendía,
a veces buscaba tu mano
para que me hiciera de guía,
¡Que lejos quedó Macondo
y aquellas batallas triviales!,
el cariño nunca tocó fondo
aunque fuéramos rivales.
Ya nada me produce asombro,
son todo para mi obviedades,
ilusión reducida a escombro
sin tus prodigios de Melquíades.
Sin olvido, (¡maldita gripe!),
no habrá atados al árbol, ni colas de cerdo,
no será el final de tu estirpe
mientras perviva el recuerdo.
Mañana treinta se cumple el siglo,
¡qué pronto pasó!, ¿verdad?
desde tu ida cuento y sigo,
cien años de soledad.
(30 de julio 1911 - 30 de julio de 2011) En memoria
“y que todo lo escrito en ellos era irrepetible desde siempre y para siempre, porque las estirpes condenadas a cien años de soledad, no tenían una segunda oportunidad sobre la tierra”.
(Gabriel García Márquez)
Mary, me pidió que escribiera algo para su santo: Santa María Magdalena que es hoy, para levantarla el ánimo.
Así pues a petición, vaya este mensaje lapidario, con reminiscencias de Maria Magdalena (la Virgen del pecado).
Caravaggio
Yo que no estoy libre de pecado
quiero arrojar una piedra,
contra el desánimo ruin y malvado
¡y que me secunde el que quiera!.
Pues es él el que lapida,
hiere y corta cuan serrucho,
a aquellas que se dan en vida,
a aquellas que quieren y mucho.
Pues es él el que ensombrece
y deja el semblante de patíbulo,
de tarde que muere y languidece
y los ojos…, de un cielo taciturno.
¡Lanzo por eso mis piedras!
(¡¡apártate por si acaso!!...),
que ando mal de puntería
y de musas del Parnaso.
Por la espiral de tus labios me voy rodando a besos, las caracolas de tus mares sabios me van susurrando sus ecos. Y como Sirena hipnotizada por sus vericuetos me pierdo, siguiendo esa voz llamada que anula otros recuerdos. Y me hundo dentro de ti sin pensar en daños o males, ciega, decidida, feliz hacia tus fondos abisales.
Hoy me ha tocado revisión de médico, desde que el año pasado me detectaron leve hipertensión voy a controlarme cada tres meses o así, que es lo que me dura el tratamiento.
Por lo expuesto, tal vez pueda parecer hipocondriaca, o achacosa, ¡nada más lejos!, el médico me ha dicho: estas hecha una pipiola cielo!, tensión 10/6 , altura 1,67 metros, peso 61,66 kilogramos....
¡Pues que quieres que te diga que como piropo prefiero lo de pipiola....!.
En fin, tampoco soy vanidosa ¡eso sería imposible!, pero me gusta ¡y como me gusta!, que un año más pueda ponerme esa falda que me compré hace ya ventitantos años.
Madrid 31 agosto 1985
A mis cuarenta y cuatro sigo con los pies horribles, las piernas aceptables, y la minifalda gris, esa que en la foto y con un dedo empujando hacia arriba me la quería subir Ramón. ¡ja, ja!
¿De que me sirven las palabras si sólo responde mi eco?, ¿de que sirve el pensamiento que me inunda los huecos?, ¿de que vale añorar lo que fue y se tuvo?, ¿de que la amistad, que prometía futuro?. ¿De que me vale esta nostalgia almacenada en un tintero, que de pronto se derrama y me emborrona los sueños?.