El aire de la mañana transparente y fino
se resquebraja con la respiración,
los árboles ateridos y desnudos
son leales discípulos del frío.
El cielo es un témpano,
tiritan las nubes, los pájaros callan,
las pisadas sin huella resuenan,
en un suelo yerto y huérfano.
Tal sería el momento de la nada,
el de antes de la creación,
cuando no exisitían las palabras
ni la música, ni el amor.

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